04-09-07

Entrevista a Hirsch - Diario el Comercio de Lima

Tomás Hirsch: Es valioso que el Perú vaya a La Haya por el límite marítimo
Así lo afirmó el ex candidato presidencial chileno Tomás Hirsch en una entrevista concedida a El Comercio Por: Ítalo Sifuentes Alemán / El Comercio
Tomás Hirsch llega esta noche a nuestro país para realizar una serie de actividades académicas y políticas en torno a su agrupación, el Partido Humanista, con el que en el 2005 postuló a la presidencia de Chile y con el que, según adelantó a nuestro Diario, postulará en el 2009 en busca de reemplazar a Michelle Bachelet. En comunicación telefónica manifestó su posición respecto a diversos temas bilaterales y de política interna de su país.

¿Cuál es su posición respecto al tema del límite marítimo entre Perú y Chile?
Que efectivamente el tema de los límites entre nuestros países estaban debidamente resuelto, acordados, y no me parecen que existieran temas pendientes. Durante el primer gobierno de Alan García este nunca mencionó o apeló que hubiera algún tema pendiente. Desde ese punto de vista a que hubiera algún tema pendiente. Desde ese punto de vista me parece que las primeras acciones obedecieron a cierta necesidad de política interna de parte del ex presidente Toledo, lamento que se haya seguido ese camino. Pero por otro lado, debo destacar la actitud de Perú de plantear en primer lugar que esta es una en litigio, no está demandando soberanía, eso es muy destacable. Está diciendo que el tema hay que discutirlo, debatirlo a nivel internacional. En segundo lugar, nos parece muy valioso que Perú plantee ir a un tribunal internacional como el de La Haya. Con franqueza yo digo lo siguiente, si en todos los litigios las partes plantearan la necesidad de resolverlos con tribunales internacionales como el de La Haya, pues bien se nos terminan las guerras. Eso es tremendamente valioso, pues puede marcar un precedente importante. En tercer lugar, esto me refleja más que nunca lo que planteamos, el que Chile se haya alejado de Latinoamérica le está pasando la cuenta. Chile ha descuidado su diplomacia. Somos dos países profundamente hermanos y vamos a avanzar en la resolución de conflictos.


¿Chile podría convertirse en un refugio de dictadores si no se aprueba la extradición del ex presidente Alberto Fujimori?
Me parecería gravísimo para mi país y para la región que Chile no extradite a Fujimori. Eso haría un grave daño a la defensa de los derechos humanos en el futuro en toda la región Latinoamericana. En dos o tres oportunidades me reuní con los familiares de las víctimas de Fujimori cuando vinieron a Chile, también con los jueces, y la verdad no habría ninguna justificación legal para no conceder la extradición. Si esto no sucediera habría que asumir que obedece directa y exclusivamente a presiones extrajudiciales. Lamentablemente, uno ve cómo hay ciertos medios que en Chile van preparando el terreno para una decisión de ese tipo. Incluso, en los medios se utiliza el argumento que al gobierno de Alan García no le convendría la extradición de Fujimori por cuanto los parlamentarios fujimoristas lo apoyan en el Parlamento. Van creando un ambiente que permita justificar casi como una cuestión para la paz dentro de la región la no extradición, pero insisto que en caso no se extradite al ex mandatario correspondería lo que ya se ha anunciado: una acusación al gobierno de Chile ante la Corte Internacional de Derechos Humanos.

Fue muy extraña la decisión en primera instancia del juez Álvarez denegando la extradición.
Absolutamente, no olvidemos que la fiscal Mónica Maldonado recomendó la extradición de Fujimori como totalmente ajustada al derecho y en base a todos los antecedentes que tuvo en su poder respecto de cada uno de las acusaciones que se le hicieron. Por lo tanto, la decisión del juez Álvarez francamente sorprende a cualquiera que entienda que las decisiones de extradición tienen que estar ajustadas a derecho.

¿Fujimori está siendo apoyado por la derecha chilena? ¿Quiénes lo estarían apoyando?
Es la derecha económica chilena que invirtió fuertemente en Perú y que tuvo un gran aliado en Fujimori y con franqueza yo no sé si también un aliado en términos económicos. No nos olvidemos de los videos de Montesinos y los dineros del grupo Luksic. Hay muchas situaciones de este tipo que en algún momento deberán ser debidamente investigadas. Esa derecha evidentemente le debe favores a Fujimori, del mismo modo que se los debe esa ultraderecha japonesa en relación al rescate de la embajada japonesa. La derecha económica chilena está vinculada con la derecha política que son sus representantes a nivel parlamentario. Uno se encuentra con un lobby camuflado, por que es muy mal visto, a favor de la no extradición de Fujimori.

¿Su país está dispuesto a quedarse con Fujimori en Chile?
¿Cuándo me dice Chile, quién es Chile? Creo que los demócratas, los que tenemos clara conciencia de cómo Chile fue un gran violador de los derechos humanos, vemos con una enorme preocupación que el país se convierta en refugio para los violadores de estos derechos. Sabemos lo que ha significado para Paraguay haber sido refugio de dictadores, refugio de nazis, y es un estigma que a Paraguay le va a demorar años, decenios, sacárselo de encima. Lamentablemente, una situación similar se puede producir en Chile.

Chile podría quedarse solo.
Un gran error es que me parece que el gobierno no ha comprendido la importancia de vincular a Chile a Perú y Latinomérica. Soy un convencido que ningún país de la región puede resolver solo sus problemas, que acá nos necesitamos todos, necesitamos un proceso de integración regional real, efectivo, verdadero, y que eso no solo es una integración económica, comercial, es una integración humana, de libre tránsito de las personas, reducción de los presupuestos bélicos, resolución de los conflictos limítrofes, integración de la micro y pequeña empresa, acuerdos energéticos. Chile está muy ausente de ese proceso latinoamericano.


A usted se le observa como el extremista de la izquierda chilena.
Ja, ja, ja. O sea, conclusión, querer que el cobre pertenezca a todos los chilenos, querer que la educación sea un derecho humano fundamental, querer que la democracia sea real y no solo formal, que los chilenos en el extranjero puedan votar, que los jóvenes puedan inscribirse en forma automática y el voto sea voluntario, querer que haya pensiones justas, mejor distribución del ingreso; si eso es ser extremista, bueno, soy extremista. No sé entonces cómo se llaman los caraduras que están manejando el modelo económico en mi país.

¿Cómo califica el modelo económico chileno?
Espectacular, maravilloso, solo que para el 15% de la población. Para la gran mayoría ha significado postergación año a año, el país tiene ahora todas las cifras macro económicas que exhibe a nivel internacional, crecimiento económico más de 20 años, reservas internacionales, baja inflación, equilibrio fiscal, todos los indicadores son muy buenos, sin embargo una familia no come macro economía, vive de un sueldo o de una jubilación y ambas han ido bajando drásticamente para la población. En otras palabras, la distribución ha ido convirtiendo a Chile en uno de los países con mayor inequidad en el planeta, estamos entre los once peores países del planeta en mala distribución según datos que no son míos sino de organismos internacionales. Un país que ha firmado tratados de libre comercio y que los ha vendido como ejemplo en el mundo, pero que han sido muy buenos para las grandes multinacionales, para los grandes poderes financieros. Que han ido afectando drásticamente a la micro y pequeña empresa que todavía genera el 87% del empleo en Chile; entonces, el empleo es precario, ahí están las recientes movilizaciones de los estudiantes, de los trabajadores del cobre, los forestales.
Por el llamado salario ético...
Cuyo monto es el que yo plantee en mi programa de gobierno del 2005 cuando me calificaban de, ¿cómo decías tú? ¿Terrorista, extremista, no sé qué?

Extremista...
Extremista, bueno, este extremista lo que planteaba es un salario ético que debe estar por sobre los 250 mil pesos (477 dólares), pero al mismo tiempo veo una hipocresía total por parte de los políticos del gobierno y la derecha, porque han puesto los ojitos blancos, han rasgado vestiduras y sin embrago no ha tenido la más mínima intención de modificar el salario mínimo. Hace solo cuatro semanas, aprobaron en el Congreso un salario mínimo de 145 mil pesos (278 dólares), que es la mitad de lo que se está planteando hoy día, entonces que no se vengan a rasgar vestiduras.

¿Cómo diría que es la actuación de la presidenta Bachelet en todo esto que usted cuestiona?
Bueno la presidenta Bachelet, más allá de que ha significado quizás un cambio de estilo, de lenguaje respecto al ex presidente Ricardo Lagos, no hay que equivocarse, es la continuidad de las políticas de la Concertación. No es el primer gobierno de Bachelet, sino el cuarto gobierno de la Concertación, y quien hoy en día lleva las riendas de la política económica son los sectores neo liberales dentro de la concertación. Creo que muchos, yo no me incluyo, tenían expectativa que la presidenta Bachelet iba a significar un cambio más profundo, más real, más de fondo. Se habló de un gobierno ciudadano y sin embargo ha habido una distancia muy grande respecto de la gente más necesitada. Se habló de un gobierno que descentralizaría al país y sin embargo los problemas del transporte del TransSantiago han mostrado un fuerte efecto centralizador. En fin, no basta con tener más mujeres en el Gabinete, acá se requieren políticas económicas y sociales que de verdad permitan un cambio. A mí me preocupa esta situación, pues hay una asfixia y una presión de un sector importante de la población que podría terminar en una espiral de violencia que por supuesto nadie quiere.

Según las encuestas, la aprobación de la presidenta Bachelet ha ido en descenso.
Es muy comprensible si uno lo analiza bien. Ha ido en descenso porque en primer lugar las expectativas que había eran que iba a ser un gobierno muy diferente de lo que fue. Su propuesta de gobierno ciudadano quedó descansando en paz a las pocas semanas de asumir el Gobierno, cuando en el primer conflicto con los mapuches y el segundo con los estudiantes ella no tuvo ningún gesto de acercamiento. Ahí vino su primera baja, y luego situación tras situación desembocaron en crisis por una falta de decisión en la conducta a tomar, y eso por supuesto ha sido percibido por la población. A ella se le experimenta como alguien que no ha sabido tomar de algún modo la conducción del país. Es lamentable porque se termina diciendo que eso es por ser mujer, yo no lo creo en absoluto así. No comparto esa visión, pero se termina también estigmatizando a la mujer, lo cual evidentemente es muy negativo.


¿Cuál es su vaticinio con lo que queda del gobierno de Bachelet?
Creo que mi amiga Michelle Bachelet hoy en día solo está tratando de empatar tiempo, es decir tratando que esto llegue al final lo más rápido posible. Debe estarse preguntando para qué se subió a la montaña rusa. Dejé de ver en ella una cara alegre, sonriente, de alguien que está sintiéndose que conduce el país en una dirección. No espero ningún cambio importante.
¿Cuál es su futuro político?
No creo en las candidaturas presidenciales como aventura personal, creo que son definidas por un conjunto de personas, partidos y organizaciones, y si ese conjunto me nombra nuevamente candidato yo voy a serlo de todas maneras, feliz. No soy de los que digo acepto el sacrificio, no, no. La anterior candidatura fue una experiencia vitalizadora. Voy a ser nuevamente candidato con mucho entusiasmo si es que el conjunto de los partidos y organizaciones de la izquierda chilena así está de acuerdo. Hasta el momento, para ser sincero, se ve la cosa bastante bien.

Las próximas elecciones son diciembre del 2009, a 27 meses de las próximas elecciones presidenciales en Chile todavía hay un largo camino por recorrer.
Sí, pero estos países son muy electoralistas, así que las elecciones presidenciales empiezan con una anticipación abrumadora.

¿Podríamos decir que ya está empezando?
Más o menos sí. Sí.

Le pregunto y sin calificar si su discurso político sea demagógico, pero se parece al que se ha escuchado a Ollanta Humala. Usted tendrá un encuentro con él, ¿siente simpatía por el discurso de Humala? ¿Hay un parentesco ideológico?
No, creo que hay algunos puntos en los cuales hemos coincidido, pero seguramente hay muchos otros puntos en que no vamos a tener coincidencias.
¿Un ejemplo de ambas cosas?
A ver, nunca he tenido un diálogo con Ollanta Humala. Nunca he estado con él, lo que he conocido de él ha sido a través de los medios de comunicación, en todo caso me parece interesante la posibilidad de encontrarnos y lo mismo quisiera hacer con otros sectores de la vida política peruana. Quiero insistir que mi encuentro con él no significa un particular acercamiento hacia él, ahora me parece haber visto durante la elección por parte de Humala hacia un modelo económico más redistributivo, hacia una mayor integración Latinoamericana, esos son puntos que comparto.

¿Comparte las simpatías de Humala por el presidente Hugo Chávez?
A ver, no soy de los que digo tengo simpatía o antipatía total por alguien. Valoro a las personas y a los gobernantes por sus acciones. De Hugo Chávez valoro su orientación hacia la integración latinoamericana, me parece valiosa, importante y que se ha concretado en gestos muy precisos y es muy relevante. Sin duda, hay otros aspectos que no me gustan tanto. Pertenezco a un partido que proponemos la no violencia. No me siento cercano con la política militar de Venezuela cuando veo que su gasto militar está en aumento.

De ser usted presidente de Chile, ¿tendría usted proyectos de apoyo social de Venezuela como los tiene Bolivia?
No se trata de llegar a presidente para pedirle a Hugo Chávez proyectos sociales. Creo que Chile tiene la capacidad suficiente para con nuestros propios recursos reorientarlos hacia políticas sociales que permita resolver los problemas de la gente pobre. Como país no necesitamos vivir del apoyo o las dádivas que nos pueda dar Hugo Chávez ni ningún otro país. Pero la política que hoy día se tiene en Chile de acercamiento extremo a los Estados Unidos, de ser una especie de puente en América Latina, me parece que no ha favorecido a nuestro país.

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